Anciana se robó ocho celulares en el hospital y casi no la descubro. Resulta que ingresa al servicio de urgencia una paciente como de 86 años de edad porque le dolían todos los huesos. Nosotros la sentamos ahí en observación, le colocamos medicamentos para el dolor y todo. Ella pasó todo el día en el hospital. En el transcurso del día se iban perdiendo celulares.

Se le perdió un celular a la enfermera, se le perdió un celular al cirujano, se le perdió un celular al urgenció, se le perdió el celular a un estudiante y llegó el último celular que fue el mío. Ya se meó el celular. Lo bueno es que todos los celulares como eran iPhone marcaban en el hospital, pero como era dentro de una institución no marcaba en qué lugar exacto estaba.

Había un joven como de unos 25 años que se veía de un aspecto como malo, como malvado. Se lo juro que yo lo primero que hice fue juzgarlo, mi gente. Él fue y llegó la policía y todo y se lo iban a llevar. O sea, eso fue el bololó. La señora empezó a decir como, "Ay, está en seguridad", empezó a opinar. Ese fue su peor pecado.

Yo me acuerdo que cuando la señora entró, ella entró como con un vestidito que tenía como una tira acá y salía el vestido, pero acá pues tenía los pechos de un anciano, o sea, no tenía, tenía solamente un braciel, pero no se le veía pecho. Cuando yo veo que la anciana está opinando al respecto de que hay la inseguridad que no sé qué, mi gente, yo le veo esos pechos así recién operadita.

Yo dije, "Ya tú viniste acá por la silicona o por los dolores en el cuerpo." Uno normalmente siempre tiene iPhone como en silencio. O sea, la palanquita uno la tiene siempre en silencio, nunca la tiene como prendida. Y obviamente si uno llamaba no se escuchaba. La abuelita no sabía cómo apagar ese celular. Yo le digo al policía, "Señor policía, esto aquí me huele como raro.

olor lo he sentido yo antes." Me dice, "¿Cómo así, doctor?" "Señor policía, ¿porque usted no revisa la señora que está allá?" me dice, "No, eso es una falta de respeto. Es una señora que ni fuerzas tiene." Doctora, ¿usted no le da pena que yo la revise a ella? Y yo, señor policía, lo que pasa es que cuando ella entró, ella entró como plana de aquí y ahora está como así, o sea, se ve como lactando.

Y es super extraño. Cuando se acerca la policía, dijo, "Ay, ya me siento bien. Ay, doctor, gracias. Yo me voy, me tengo que ir. Dejé la pastilla de ahorita." Yo, "Señora, no se preocupe, acá tenemos pastilla, se la podemos dar. Necesito que se quede un rato. El policía le dice, "Señora, vamos a hacerles una requisita. ¿No ve que yo soy una señora que no tiene fuerzas?

¿Que cómo me van a hacer eso a mí? Salen más peligrosas. Dije, el chisme no discrimina. No importa si eres niño, adulto, anciano. Esta señora me empezó a oler mal. Ella no se dejaba requisar. ¿Qué vamos a obligar una señora de 80 y pico años que la requisen? Yo lo que hice fue llamar a mi teléfono y le toqué el hombro. Mi gente, eso vibró.

Dije, "Señora, ha sido atrapada." Atrapada. Le dije, "Señora, para usted cree que es normal que esto le vibra a usted, yo no sé si iPhone sacó una nueva gama, yo no sé." Y ahora las mujeres vibran. La enfermera la empezó a revisar, mi gente. Esa mujer era Griselda blanco con el poco de celular que tenía. Eso sale uno y sale el otro.

Yo le dije al policía, yo sí dije, esa mujer no vino con tanta cosa aquí. La señora, ay, yo no sé cómo llegó eso ahí. Yo ahora se cree que Alzheimer y empezó a decir, "Yo, ¿cómo me llamo, yo dónde estoy?" Y yo, "Señora, está en el hospital." Y va para la cárcel. Ahora la señora después que la cogieron me insultó, me dijo que yo era un sapo.

Yo le dije, "Yo esto es una ratera.".