El día que me sorprendí con un paciente por su cosa allá abajo, el paciente llegó porque le estaban saliendo como unos punticos allá abajo y llegó el momento en que ya me tocaba revisarlo. Cuando yo le dije, bájese el pantalón, señores, eso era una tercera pierna, eso era un bate de jugar baseball, mi cabeza hizo como que, Dios mío, yo dije, esto sí es verdad, esto sí puede existir y él tenía como peina y él me dijo, doctor, qué pena y yo le dije, no te preocupes, yo si yo tuviera
eso así, yo tuviera orgulloso, es más, yo no usara ropa, yo andaré en la calle así por la vida, así. Y el paciente se echó a reír y me dijo, doctor, qué humor tiene, en fin, yo lo revisé y tenía pues algo, no lo puedo decir, pero lo más curioso es que cuando yo lo estoy revisando, el amigo se despierta y él tenía mucha vergüenza, mucha pena, él me miró y decía, doctor, perdóneme, yo le decía, no te preocupes, eso es normal, eso pasa, yo trataba de darle tranquilidad, pero mi
mente era, al finalizar, pues el paciente se subió su cosa, terminé la historia clínica y chao. Como a las cuatro horas, yo revisó mi instagram y a Iona solicitó y era de él, yo no lo seguí la verdad porque, primero, mi ética profesional y segundo, yo no sé qué pretendía, dije, no, no, no, no, no, no, no, pero se lo juro, eso era muy, pero muy extremadamente, eso era una carga larga y ancha, eso no salía ni por el aeropuerto, eso tenía que ir por una naviera, o sea, yo no
sé cómo ese hombre puede salir del país, o sea, tiene que salir por barco.