Voy al país más brollero del mundo, o sea, que le gusta el chisme y es Venezuela. Estoy emocionado porque una de las cosas que nunca me imaginé fue llegar a Venezuela como conferencista a hablarles un poco acerca de toda mi experiencia de mí, pero también con un poco de chisme. Esta vez le tocó a San Juan de los Morros y a Maracay Aragua, así que vamos a darla toda.

Ya estoy en el aeropuerto. El Dorado con mi pase de abordar para ir a Caracas. Estoy emocionado, se lo juro. No he dormido porque mi vuelo de mi ciudad a Bogotá salió ayer en la noche y me vine para el aeropuerto y mi vuelo a Caracas sale ahorita en una hora. Una de las cosas que más me encanta de Venezuela, uno, su gente, dos, la ternura con la que me reciben y tres, la comida.

Así que ahora que esté en Venezuela, no voy a perdonar un pabellón, una arepa rellena. Quiero comer mucha huevo maltina y tomar mucha maltín polar. Se lo juro. No soy de Venezuela, pero tengo mi corazón en Venezuela. Tengo el corazón a mil. Me deja el vuelo. Me deja el vuelo. Me deja el vuelo. No, Caracas, espérame, Caracas. Acabo de llegar el cter y lo que escucho es que la dilla, burdo naguara.

Me quiero tomar una solera, me la quiero tomar. Quiero un pepito, quiero comer mucho. Me siento extraño porque sé que hay gente que me mira ya y yo me estoy haciendo como el loco, como que como que ay, ¿qué dice ahí? Caracas. Les estaré contando cómo vamos en esta travesía hacia Venezuela. Los amo.