Paciente que tuvo su primera vez y casi se desvive. Para los que no saben qué es de vivir, yo no puedo decir la palabra correcta por aquí porque me bloquean. Desvivir es colgar los guayos. ¿Qué te fuiste donde San Pedro? Continuamos. Resulta que me llevé una paciente al servicio de urgencia de unos 21 años de edad en compañía de su mamá. La paciente estaba toda llena de sangre, o sea, toda, toda, toda.

Paciente estaba pálida, inconsciente, estaba mal. Yo le pregunto a la mamá, ¿qué pasó? ¿Por qué ella está así? ¿Qué le hicieron? Yo pensé que la habían cortado, que le habían metido una punajá, entonces incluso pensé que la, no sé, la habían intentado robar. Me dice la mamá, "No, doctor, es que hoy tuvo su primera vez y el marido pues ajá le hizo daño." Cuando yo la reviso, yo le miro la cara, yo le digo, "No, pero es que él no le quiso hacer daño." O sea, él sabía que le iba

a hacer daño. Muer está destruida. Nos la llevamos urgente al quirófano de urgencia. Literal, había que hacerle una reconstrucción de toda su panadería. Yo dije, "Wow, ese hombre, ¿qué tiene ahí, v? Ese hombre no le metió un músculo de carne. Mi mente tenía ese hombre tuvo que haberle metido otra cosa que le hizo ese daño. Yo le pregunto a la mamá, le digo, "Venga acá, señora, el marido de ella viene o qué?" Me dijo, "Sí, ya viene en camino.

Ya viene en camino porque fue a dejar unas cosas en otro lugar, pero ya viene." Yo la dejé en cirugía con los cirujanos y con el ginecólogo. Me voy para urgencias otra vez porque yo era el médico de urgencia. Cuando llega al servicio de urgencia un hombre como de 3,80 m, una cosa impresionante de tes oscura y era así bien grande, pero inmenso.

O sea, era como tres yo, tres yo así de pie. Yo quedé así como que, oye, pero qué alto, qué grande. Y él me dice, "Doctor, ¿cómo está?" Yo, "Muy bien." "¿Y tú? Cuéntame." Me doctor, "Lo que pasa es que yo tengo a mi novia acá y quería ver en qué cama estaba." Dijo, "Claro, dame el nombre." Cuando me dijo el nombre de la paciente, yo dije, "Wow, hijo, ya no está en una cama, ya está en un quirófano." Ahí lo entendí todo.

Yo dije, "No, hombre no le metió otra cosa. hombre es un taladro. Esa mujer lo ama mucho, lo ama demasiado. O sea, esa mujer estaba mal. Voy yo a quirófano a ver cómo seía la paciente y dejé a un médico encargado ahí de urgencia mientras yo llegué." La paciente estaba mal. Había perdido tanta sangre que estaban haciéndole transfusión de sangre, o sea, estaba mal, mal.

Es más, tuvieron que parar un momento la cirugía porque estaba perdiendo muchísima sangre. Al rato, pues terminaron la cirugía, la paciente como a las 8 horas despierta, estaba superdébil, superdébil. Yo hablo con la paciente y le pregunto de cómo se siente, cómo está. Yo le digo que su esposo, su novio, estaba fuera esperándole y me dice, "No, doctor, no lo haga pasar.

Dígale que yo no lo quiero ver. ¿Cómo así doctor? Ese hombre tiene tres pies. Ese hombre es un trípode. Solo me metió la puntica, doctor. Y mire cómo me tiene aquí. Donde me hubiese metido todo me mata. Yo no quiero saber de ese hombre. Yo, Dios mío, ese hombre yo, ¿cómo le voy a partir el corazón así? Yo salgo y le digo que pues eventualmente su novia no quería verlo, que ajá que entendiera, que no podíamos como que hacer que ella se agitara.

Y él empezó a llorar. Doctor, ella me pidió solo la puntica y nosotros no habíamos tenido nunca nada y yo solo hice lo que ella me di. Imagínense yo dándole consejo a un hombre que tiene una costa en yo que iba a decir y no podía decirle nada. Él iba todos los días, todos los días al hospital a visitarla, pero ella no quería ver.

Pero las enfermeras estaban, le pedían el WhatsApp, le mandaban café. Yo, pero esas enfermeras si son golosas. La paciente salió, como que lo perdonó. Cuando iban saliendo del hospital, yo dije, "Allá va Freddy Krueger." Tengan cuidado, tengan cuidado. Antes de ustedes cuadrarse con alguien, conózcanle allá abajo.