Llegó una paciente de 29 años en trabajo de parto. Tenía pujos, pero la veo demasiado tranquila. Me acerco… y olía a alcohol.

Le hago la fetocardia para escuchar el corazón del bebé: todo bien. Le pregunto:

—¿Estabas tomando alcohol? —No, doctor, no. ¿Cómo se le ocurre, si yo estoy embarazada?

Pero olía a alcohol, y actuaba como cuando uno está borracho. Ella estaba borracha, mi gente.

Más atrás llega la mamá de la embarazada, riéndose y borracha. Y el esposo, borracho también. La íbamos a pasar a cirugía y, en ese momento, empieza a pujar. Yo no sabía si pujaba de verdad o de broma… porque se reía. Nunca he visto a una mamá pujando muerta de la risa.

Empieza a salir el bebé.

—Yamilé, por favor, ¡sácalo!

Y cuando ya lo estamos sacando, se quedó dormida. Amores, se me subieron las bolas. Yo asustado: "mamá, mamá, ¡despiértate!". Hasta que se despierta y me dice:

—Ay, doctor, perdón… me estaba reiniciando.

¿Tú qué te crees, un computador Windows XP?

Sale el bebé y, gracias a Dios, lloró de una. Lo entregué a pediatría para que lo adaptaran y todo salió excelente. La mamá se volvió a quedar dormida hasta el día siguiente; el esposo y la abuela se fueron sin siquiera ver al bebé. Eso, por supuesto, hay que reportarlo, y lo reporté para que trabajo social hiciera lo debido.

Al otro día le pregunté por qué había llegado así.

—Doctor, es que mi mamá estaba de cumpleaños, me empezaron los dolores y ella me dijo que me tomara unos vinos para relajarme. Me tomé dos botellas y media… porque mi mamá dice que ella hizo lo mismo cuando me tuvo a mí.

Señora Yamilé, no me lo vuelvas a hacer. Por más que la cultura diga otra cosa: en el embarazo no se toma alcohol, ni para el dolor ni para nada. Gracias a Dios este bebé salió bien, pero pudo no ser así.

En fin… si te gusta el chisme, ya sabes dónde encontrarme.