Paciente, resucita, da el número de la lotería y luego muere. Resulta que llega al servicio de urgencia un señor que le había dado una parada cardíaca. Cuando llegó ya estaba sin signos vitales, sin embargo, reanimamos, hicimos lo posible. El paciente murió, ya yo estaba haciendo los papeles que uno hace como la alta defunción, todo y alrededor de él estaba toda la familia, estaban todos llorando y todo esto, la enfermera, un médico ahí también.
De repente yo escucho un ah y los familiares empiezan a gritar, "Está vivo, está vivo." Yo, ¿cómo? Todos los médicos y todo eso estaban ahí como encima del paciente tomándole signos vitales. Lo raro es que tenían unos signos vitales muy pero muy escasos. Y de repente el paciente habla, él dice, "Voy a decir algo, voy a decir algo." Yo me acerco y me queda mirando, pero fijamente.
Y dice, "92 83. Todo el mundo como que, ¿cómo así?" y de repente vuelve a morir. Eso me dejó pensando muchísimo, mi gente, muchísimo. Yo dije, "Señor, ¿será que me has mirado a los ojos sonriendo?" Yo no había caído en cuenta, pero como las señales de la vida, cuando tú eres una persona, que no eres chismoso, sino informativo, te premian. Iba caminando después de que salí de turno, ese 9283 yo lo tenía aquí, aquí, aquí y un señor pasó al lado mío diciéndome, ofreciéndome la lotería.
Yo, "No, señor, muchas gracias." De repente se me resuena otra vez 9283 y yo me voy volteando y yo, señor, venga acá. Una pregunta, ¿cuántos números uno es que apunta en la lotería? Uno puede apuntar cuatro números. Y él dijo, claro, cuatro números. Y yo, señor, por ahí tendrá el 92 83. Y el señor busque que busque, mi gente. Y lo tenía.
Yo dije, ¿será esto una señal divina de José Gregorio Hernández? ¿Será que esto es una premiación de mis antecesores chismólogos? por hacer tamban bien mi trabajo. Esa lotería salía como a los 4 días, mi gente. Yo nunca había estado tan ansioso. Yo dije, "¿Será que esto es verdad o mentira?" Pasaron los 4 días, yo me puse a ver la televisión cuando ya estaban lanzando la lotería y veo que están lanzando la lotería y no sale el número que yo compré.
Lanzaron como tres, cuatro premios y yo, ay, no, no me gané nada, eso era mentira. El señor me ilusionó. Cuando de repente yo me voy a levantar de la silla y dicen, "Y el premio de consolación es nueve. Uh, dos. ¿Cómo? ¿Cómo hace ocho?" Ay, señor. Señor, me falta un número. Tres de una. Señor Jesús. Gloria al Padre, gloria al Hijo Gloria al Espíritu Santo.
Me gané el premio, mi gente. El premio de consolación no era mucho, pero me lo gané gracias al. Señor, el. Señor que resucitó. Yo llegué al hospital contando la situación. Cuando yo me voy a acercar a reclamar mi premio, uno puede anotar el mismo número varias personas. Yo no sabía eso, mi gente. Habían como seis familiares del señor que habían estado en el hospital y todos estábamos haciendo filas.
Entonces, los familiares me miran y me dicen, "Doctor, ¿y usted qué hace acá?" "No, es que yo tuve un sueño, les dije, "Tuve un sueño con un número y me gané un premio de consolación." Y una de las hermanas del. Señor dijo, "Ah, sí, no, pues raro, porque todos nos ganamos el mismo premio de consolación." Y yo, "Sí, más raro. No, yo soy adicto a la lotería, les dije, porque jamás atrapado.".