Filomena, ¿cuál es el motivo de tu consulta? Doctor, lo que pasa es que tengo un sangrado allá abajo en el tamal y mi periodo se ha extendido. Entiendo. ¿A qué te dedicas? Pues soy contadora y también trabajo en la iglesia con mis papás. Ah, entonces tus papás son pastores? Sí, doctor. De hecho, mis papás y otro hombre que también es pastor vinieron a acompañarme.

Bueno, entonces necesito revisarte para saber por qué te está sangrando o de pronto puede ser otra cosa. Abre que tenemos que revisar. Dios mío. Oye, Filomena, tú no tienes un sangrado por periodo. Lo que sea que haya entrado ahí te desparpajó todo y me toca llevarte al quirófano inmediatamente. No, no, no. Pero, ¿qué tengo, doctor? No te hagas tonta, Filomena. Tú y yo sabemos lo que tienes.

Doctor, por favor, no le diga a mi mamá ni a mi papá. Pues tengo que informarles porque son tus papás y necesito investigar qué te pasó ahí. No, no, doctor, por favor. Yo le voy a decir la verdad, pero por favor no diga nada. Okay, cuéntamelo todo y con detalles. Que pasa es que yo estaba organizando un culto de jóvenes y llegó el pastor que mis papás invitaron para que nos diera la palabra.

Al terminar el culto, el pastor me dijo en privado que todo lo que le pasaba era porque Dios se lo revelaba a través de los sueños. Y lo más sorprendente es que él tuvo un sueño en el que yo iba a ser su esposa. Me empezó a coquetear y pues la carne es débil, doctor. Y pasó lo que tenía que pasar. Pero yo no contaba con que el pastor viniera bien armado.

Él es un guerrero de Dios, doctor.