El pastor estaba dotado. Al mirar esa arma que tenía el pastor, no me pude resistir, doctor. Era así como de mi codo hasta mi mano. Un arma bendita, doctor. Mientras observaba todo ese filo que tenía, yo dije en mi mente, "Si Dios me manda estas batallas, es porque las puedo pelear." Claro, así como él es un guerrero de Dios, yo también soy una guerrera.

Doctor, le juro que yo luché con toda mi alma en esa batalla. Yo lo di todo y bendito sea Dios, gané la batalla. Yo le pregunté al pastor, "Oye, ¿esto no es pecado?" Y el pastor me dijo, "No, porque esto está siendo consagrado por Dios." Okay, okay. Ah, no le diré nada a tus papás, pero te tenemos que meter a cirugía ya.

Qué golosa me saliste, Filomena. Doctor, ¿cómo está Filomena? Disculpe, ¿quién es usted? Soy el pastor de la iglesia. Vengo acompañando a los papás de Filomena. ¿Cómo está ella? Apenas le voy a hacer unos análisis. Pero usted sabe lo que le pasó. Ella me habló de una fuerte batalla, pero no logro entender realmente qué pasó. Ah, pues yo le estaba dando la palabra de Dios y no sé qué pasó, doctor.

De repente ella empieza a voltear los ojos y como a estremecerse, como si se le estuviera metiendo el mismísimo Santa madre de Dios. ¿Y qué pasó después? Le hice un exorcismo que duró una hora. Doctor. Los dos al final quedamos muy debilitados, pero con las herramientas correctas pude liberarla. Entiendo. Dios le dio las herramientas para salvar a mujeres como Filomena. Bueno, e iré a hacerle los análisis y en un rato ella se podrá ir.

Oigan, las estoy buscando como cosa buena. ¿Qué pasa, doctor? Un pastor le desgarró el tamal a una mujer.