Permítete llorar. Hay momentos en los que estamos en un colapso definitivo y la respuesta más rápida y sencilla del cuerpo para poder drenar todo eso es llorar. Y cuando alguien te ve llorar o te escucha llorar, lo primero que hace es alarmarse y correr hacia ti y decirte, "No llores más, por favor." Sin saber que llorar sana, llorar alivia. Y así como tiene que llover para que el cielo deje de ser negro y si pueda salir el arcoiris, hay que llorar para que tu cuerpo sane.
Frustración, el dolor, la tristeza, las ganas de seguir adelante, e la envidia de otras personas generan tristeza, incertidumbre, pero sobre todo esa carga que llevas aquí en tu espalda que te genera peso y dolor. Se van a ir con un tú puedes hacerlo o eres fuerte, se van llorando. Llorar alivia el alma. Así como cuando tienes ganas de llover, lo primero que se te pasa por la cabeza es que quieres estar arrunchado en tu cama.
Y eso no es negativo, simplemente es un deseo de sentirte confortable en un lugar seguro que te genera tranquilidad, que el llorar debería ser clasificado en un sentimiento positivo, ya que te ayuda a abrir ese espacio hermético que hay en tu alma y que te aporta la posibilidad de poder abrirte y poder respirar. Y aunque llorar sea un término que para muchos es vergüenza y para otros es simplemente evadir, todos hemos llorado.
Porque llorar es el resultado de un vaso rebosado de emociones que simplemente se tuvo que derramar porque no pudo contenerlo más. Llora porque llorar en cualquier tipo de situación te va a ser menos débil, no más fuerte, pero sí más tranquilo. ¿Cómo permites que personas entren a tu vida y hagan desastres? Permítete llorar. M.