Monja infectó deon a cuatro padres en un convento. Resulta que ingresó una monja de unos 44 años de edad al servicio de urgencia. Llegó sola y yo le pregunto, "Hola, ¿cómo está madre? Cuénteme, ¿cuál es el motivo de su consulta?" Yo me imaginé, no sé, la presión, cualquier síntoma, cualquier síntoma. Le dijo, "Doctor, lo que pasa es que a mí me da mucha pena con usted y con Dios, pero necesito contarle." Y yo, "Claro, madre, no se preocupe." Ella me dice, "Doctor, hace días yo estoy presentando un pequeño flujo en
mi panadería." Yo, claro, claro, claro que sí. Yo entiendo, doctor, que usted me tenga que revisar y es lo adecuado, doctor. Entonces, usted me dirá, ¿qué proced? Yo, claro que sí, no pasa nada. Bueno, vamos acá a la camilla, la revisamos y todo. Cuando yo la voy a revisar, ma, ¿usted qué tiene dentro de esas piernas? Amor, salió un olor fuerte. Olor fuerte.
Le pregunté,, con el respeto que usted se merece, ¿hace cuánto usted tiene olor por acá? Ella me dice, "Doctor, ¿cuál olor?" Y yo, "¿Cuál?" No, ninguno." Madre superior. Cuando ya "No, ninguno." Madre superior. Cuando ya yo lo estoy revisando y hago como el tacto y miro, amores, era un flujo bastante característico de la gononía. Le dije, "Madre superiora, ¿usted hace cuánto tiene?" Ella me dice, "Doctor, hace dos semanas." Yo, "Madre superiora, ¿usted sabe cómo se transmite esto?" Me dice, "Sí, doctor, pero no quiero hablar del tema." No, mi amor, entre
tú y yo no debe haber secretos porque no se puede, no te conviene. La verdad necesito saber qué pasó para poder darte un tratamiento, porque si no puedo darte un tratamiento y vas a seguir así. Ella me dijo, "Doctor, lo que sucede es que yo hice un viaje, me mandaron para Europa y en Europa un día me tomé unos vinos y sin querer terminé saliendo y estando con alguien y yo, listo, pues yo no soy quién para juzgarte, no pasa nada." Entonces yo le pregunté, "Ya que anda con la panadería
un poquito hiperactivo, ¿estuviste con alguien más después de esa persona?" Dijo, "Sí, doctor, pero yo no creo que ellos tengan eso." Y yo, "¿Cómo así?" Yo le dije, "¿Con cuántas personas estuviste?" y me dijo, "Doctor, yo no quiero sonar un poquito grosera, pero yo creo que eso no es necesario." Yo, "Claro que sí es necesario." Dijo, "Pues la verdad yo regresé hace como tres días acá y un día, no sé, andaba un poquito con los padres hablando y sin creer estuve con cuatro de los estudiantes a sacerdocio, ¿qué?", O sea,
estuvo con cuatro como estudiantes de sacerdocio, no sé cómo se le llama eso. Le dije, "Tienes que hablar con ellos y me los tienes que traer para revisar y darles tratamiento." Al día siguiente vino la monja con sus cuatro padres. El servicio de urgencia pensaban que me iban a exorcizar allí adentro en el consultorio, pero que lo iba a exorcizara. Yo los revisé y todos me dijeron, concordaron, o sea, eso eran cinco personas conmigo, seis en el consultorio y me dijeron que si estaban presentando como una secreción y pues les
empecé tratamiento para que mejoraran los síntomas. Seguro que yo me sentía como en la Santa Cena. Ya terminamos la consulta y ya les instauré el tratamiento, ya se iban y me dijeron, "Doctor, pero por favor mantenga un poquito la discreción. Yo sé que entre cielo y tierra no hay nada oculto, pero mientras no se sepa nada, doctor, es mucho mejor." Y yo, "No, no te preocupes, nadie va a saber quién eres tú." Nadie.
No, no, no, no. Yo no tengo por qué. Yo por eso decidí contarles a ustedes, porque ustedes son poquitos aquí. Esa monja toda respetuosa conmigo y tenía pero hiperactividad en esa panajería. Por fin, si te gustan mis historias.