Llega una paciente de unos 24 años a urgencias con unas lesiones en los labios y dentro de la boca.
—¿Hace cuánto las tienes? —Desde ayer, doctor. Me preocupan porque ya me tienen incómoda.
Reviso las lesiones y no tenían cara de ser VPH. Pero lo primero que vi cuando ella entró fue un termo grande de agua que puso sobre mi escritorio. Analizando las lesiones, me acordé del termo y le pregunté:
—¿Has tenido contacto con alguien que tenga lesiones parecidas a las tuyas? —Pues… una amiga del gimnasio. Pero ella me dijo que eran espinillas, acné. —¿Tienes una foto de ella?
Me muestra una selfie de hacía dos días. Le hago zoom y, efectivamente, la amiga tenía las mismas lesiones en la boca.
—¿Hay algo que ustedes dos compartan y que usen con la boca? —No, doctor… bueno, el termo. Como vamos juntas al gimnasio, las dos tomamos del mismo.
Ahí estaba la respuesta.
—Yamilé, ¿qué hiciste? No puedes andar compartiendo el termo con todo el mundo.
Tenía molusco contagioso: una infección por un virus que se contagia de piel a piel o por objetos infectados. Las lesiones se parecen a las del VPH, pero no son lo mismo —aunque igual te alarman—.
Le mandé tratamiento y se fue sorprendida, porque nunca pensó que un termo la fuera a contagiar.
Así que ya sabes: lleva tu termo para ti solo, no compartas el mismo vaso. Porque si te gusta el chisme… que sea el mío, no el del virus de tu amiga.